Mujeres con VIH: Empoderadas lejos de la victimización

Una y otra vez escuchamos sobre las mujeres que son “víctimas” del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), nada más lejos de la verdad, ya que la responsabilidad no recae en un género, resulta de la suma de facturas que van entre las condiciones sociales y culturales más las desigualdades, y demás creencias que llegan a mitos en torno a la sexualidad, todo ello crea un ambiente que re-victimiza a las mujeres con VIH. “(…) pero nunca dejamos de usar condón, vimos que se puede disfrutar igual. Sí, sí se puede tener una sexualidad plena, satisfactoria, sí se puede tener orgasmos, (…) se puede tener todo plenamente.” – Pilar “Después del diagnóstico abrí los ojos y me di cuenta de cómo tenía alma, tan descuidada (…) aparte de ser mamá, hija, hermana… también era mujer que demandaba cuidados… que yo tenía que cuidarme y empezar a tomar las riendas de mi vida. -Alma (“Debajo de los Laureles”, 2019) En México, según datos de CENSIDA el número de casos registrados como VIH de 1983 a 2019 es un total de 93,813, de los cuales 73,597 corresponde a hombres y 20,216 a mujeres, es decir , hablamos de una proporción que va de 78.5% a 21.5%. La principal vía de transmisión es la sexual con 97.7%, le sigue la vía vertical o de madre a hijo con el 1.2% y finalmente sanguínea por uso drogas inyectables con un 1.1%. ¿Cómo adquieren el VIH las mujeres en México? Censida, UNAM y AHF México coinciden en señalar que alrededor del 90% de las mujeres que adquieren la infección es a través de una pareja estable, es decir, 9 de cada 10 confiaron su cuerpo al otro. Si bien para la ONUSIDA las mujeres no son parte de la población clave, cuando se analiza este grupo -mujeres viviendo con VIH- resaltan elementos como la violencia de género y escasa información sobre salud sexual y reproductiva. Dicha situación concuerda con el contexto nacional donde el tema de sexualidad y género es poco mencionado en el núcleo familiar o escolar, mucho menos en los espacios de toma de decisiones a nivel gubernamental. Las escasas ocasiones que temas relacionados a la educación sexual son abordados en política pública se realiza con sesgos de discriminación o estigma. Prueba de ello y como resultado son los altos niveles de embarazo adolescente que coloca a México entre los primeros lugares a nivel mundial. Si hablar de sexualidad y género no es un tema cotidiano, las mujeres con VIH es menos mencionado. De las pocas veces que se hace referencia se aborda desde un enfoque de vulnerabilidad, mujeres que en general fueron infectadas por su pareja bajo prácticas heterosexuales, aquellas que no tuvieron la posibilidad de identificar una situación de violación en cuanto a sus derechos sexuales y reproductivos, ni recibir información sobre infecciones de transmisión sexual, maneras de prevenirlas y sin posibilidad de decidir sobre su propio cuerpo. Desigualdad de género y mitos románticos: las principales causas Este último punto se relaciona con dos aspectos que tienen que ver con la desigualdad de género. La primera, una cuestión de desconocimiento en cuanto al ámbito sexual y la normalización de la no apropiación del cuerpo. El tema de exploración y disfrute sexual en una mujer, a nivel cultural y social, tiene una connotación negativa -el ejercicio de una vida sexual activa y empleada con un gran número de personas está más asociado a la esfera de lo masculino, además de ser alentada. Incluso en algunos espacios, una mujer que le es ajeno el tema de sexualidad y salud sexual, se le da una connotación de virtud y castidad. La segunda tiene que ver con los mitos del amor romántico, que en el caso de mujeres, está fuertemente relacionado con elementos de dependencia emocional y económica principalmente, y sacrificio -cuidar antes que cuidarse a sí mismas en todos los aspectos-. Todo ello, nos da como resultado la escasa capacidad de elección. Pareja estable = Mayor riesgo La idea de que la pareja estable es una medida de protección frente a infecciones de transmisión sexual, en primer lugar da pie a que no se perciban en una situación de riesgo, en segundo lugar impacta en la manera de ver a las mujeres que han sido infectadas a través de su pareja. Se les mira como un grupo vulnerable o víctimas de la dinámica deshonesta que se dio en la relación. Aunque el tema de ITS, se asocia a la práctica sexual con múltiples y variadas parejas, en cuestión de género, enfocándonos en mujeres y a nivel nacional existen estadísticas que nos indican que las trabajadoras sexuales actualmente, no se encuentran dentro del grupo de población clave en cuanto a VIH se refiere, la diferencia la encontramos en el uso de condón y no en el número de parejas sexuales que puedan tener. Estos elementos contextuales, como son las arraigadas prácticas de ideas de desigualdad de género, construidas social y culturalmente, además de una escasa información sobre sexualidad, también está permeado por la intolerancia hacia la diversidad sexual. Al respecto, en un estudio sobre cuerpo, género y VIH se cita los siguientes: “Algunos autores han hablado de una construcción “esquizofrénica” de la sexualidad masculina dominante en ciertos contextos mexicanos, donde los varones son alentados a mostrarse como monógamos y buenos padres de familia en espacios “heterosociales” (como la comunidad y la iglesia), mientras que en espacios “homosociales”, principalmente lugares de diversión para hombres, se les “exige” ostentar “hombría” relatando múltiples conquistas sexuales”. ¿Hemos fallado como sociedad? Estudios sobre mujeres con VIH, refieren que algunas estaban enteradas de las prácticas no heterosexuales de sus parejas, es decir, prácticas denominadas como hombres que tienen sexo con hombres, y para otra parte, fue sorpresivo saberlo. Estos hechos hacen que resalten cuestiones como: ¿Qué sería del país si se abordará el tema de sexualidad, género y salud sexual sin los sesgos moralistas que arraigan una profunda desigualdad, además de ser estigmatizantes? ¿Cómo impactaría, en materia social, cultural y de